
Estos días, mientras leía a Txantxangorri se me vino a la cabeza aquella frase de Saramago en la entrega del premio Nobel de literatura:
“Y yo pregunto a los economistas políticos, si calcularon el numero de personas que tienen que condenar a la pobreza absoluta, a la esclavitud, a la ignorancia, a la enfermedad y a la miseria, para fabricar un rico.”
Tratar de hacer un mundo justo en éste, donde se compite por ser o saber quien es la persona mas rica del planeta, creo que es tarea imposible.
Del mismo modo si creo que no es ningún imposible, que el mundo fuese mas justo.
Las desigualdades siempre tendrán que existir pero no tantas.
Pero que estas las propicie quien nos gobierna, y encima nos digan que son de izquierdas, ya me parece una desfachatez.
Nunca se generaron tantos nuevos ricos, como desde que nos gobiernan algunos que se dicen “de izquierdas”.
Hay quien piensa que, para ser rico hay que tener unos cuantos millones en el banco o propiedades bien escrituradas… Que va estáis totalmente equivocados!!!!.
Estos gobiernos de la democracia con nuestro dinero sanearon las empresas públicas para regalárselas a las privadas. Y ahora los verdaderamente ricos son todos aquellos que tienen entre 45/55 años; prejubilados y con una buena paga. Que de lo único que se tienen que preocupar, es de que el último día del mes tengan su dinero ingresado en la cuenta corriente.
Eso si que no es ser rico, si no inmensamente rico!!: Ni preocupaciones, ni obligaciones, ni nada de nada. Todo el día tocándose los cojones y encima para ellos nada está bien hecho…
¿Yo me pregunto si es ser de izquierdas tener un prejubilado con 1.500, 2.000, 2.500 y hasta 3.000 € en casa, mientras que su hijo tiene que trabajar diez horas diarias para no llegar a los mil? Y encima les molestan en casa.
Eso si, cuando les recuerdas que como esto siga así, a los que vienen detrás no les va a quedar nada, nunca caen en la cuenta de que serán SUS HIJOS los que cobren en cromos de Mariquita Pérez.
Algunos “rojos” siguen pensando que la tierra es de todos, y yo que ya no se lo que soy, sigo diciendo que es de quien la trabaja, no de a quien se la regalan.
El Canuit, que de rojo que soy, no me lavo p’a no desteñir.

















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