La primera vez. Santiago de Cuba

Publicado: 20 marzo 2008 de Canuit en Liberales, swingers

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Cuando alguien nos pregunta como empezamos en el ambiente liberal, siempre les digo que con mucha paciencia.

Antes de conocer a La Güela tuve algunas experiencias con chicas bisex (con una novia y su amiga como ya os conté). Desde entonces yo tenía claro el tipo de mujer que me gustaría encontrar. Tanto era así que ya en el viaje de novios le propuse cambiar de pareja, y me llamo de todo menos bonito.

Como la paciencia, cuando pongo interés, es una virtud que tengo, solo tarde doce años en que se tirara a la piscina. Y la verdad que se tiró de cabeza.

No conocíamos Internet, ni las revistas de parejas, ni creo que en el 90 hubiese ningún club de intercambio en Asturias. Ella tenia muchas ganas de conocer Cuba, y yo siempre le decía que a la Isla no íbamos porque una vez allí le metía una mulata en la habitación y que si le gustaba que se quedase y si no que se marchase.

Casualidades de la vida, nos sale un viaje con unos amigos y para la Isla que nos vamos…

Diez horas de avión hasta Santiago. Así que cansados del vuelo, cenamos, tomamos un café y decidimos irnos a dormir. ¿Que os creéis que me pregunto la muy pendón al estar solos en la habitación?

-“¿Donde está la mulata?”

Salí de la habitación como alma que lleva el diablo y me fui de copas a sabiendas de que no sabía lo que me podía encontrar en una ciudad a 10.000 kms de mi casa y totalmente desconocida para mí.

Pregunté en recepción donde podía tomar algo y me dijeron que la discoteca del hotel había muy buen ambiente. Tenían razón. Nada más entrar las sonrisas de las mujeres cubanas, me hacían sentirme hasta guapo. Me inventé la historia de que estaba de vacaciones con una amiga muy bisexual. Después de que algunas me pidieran una “ayuda” por complacernos a mi amiga y a mí, y de yo contestarles que eso o se hacia por placer o no se hacia… apareció el bombón.

Paula. Una mulata guapa como pocas, con un cuerpo de envidiar y una sonrisa de las que hacen soñar. Bebimos, charlamos y no se creía el cuento que decía le estaba contando. Le dije que la única forma de salir de dudas era comprobándolo, cual no sería mi sorpresa cuando me contesto que no sabía a que estábamos esperando.

Llegamos a la habitación y La Güela estaba acostada. Al levantarse a Paula se le iluminaron los ojos. Las dejé tomando algo y me fui a duchar. Cuando salí seguían charlando, así que decidí empezar a tontear. En cuanto ellas empezaron a intimar y viendo que estaban muy a gusto me escaqueé al baño a fumarme un cigarro y dejarlas a ellas que disfrutaran, puesto que la temperatura empezaba a ser muy alta. Gran error por mi parte porque a aquel pedazo de bombón no se le ocurre más que decirle a La Güela que me diese puerta, que la quería para ella sola.
Se acabo la fiesta de golpe. Paula trato de arreglarlo pero ya no tenía solución. Otra cosa no, pero conozco a La Güela cuando se mosquea…
De lo que si me alegré es que esa noche se abrió una puerta que a día de hoy no se ha vuelto a cerrar.

Y si no que se lo pregunten a quién la conoce.

El Canuit.

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